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El amor en tiempos laborales 

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El número de habitantes en la ciudad de México hasta finales del año pasado estaba cerca de los 9 millones según la Encuesta Intercensal 2015. De esos casi 9 millones, casi cuatro millones y medio forman la población económicamente activa, y de esos, poco más de tres millones son los habitantes que actualmente perciben un sueldo, y podríamos adivinar, trabajan en una oficina.

Tras asistir a varias entrevistas de trabajo puedo asegurar que la jornada laboral promedio está entre las 6 y 8 horas para aquellos que cuentan con un título universitario; pero además, si como yo, que vivo en uno de esos lugares tan remotos por los que casi podrías jurar que ni Dios, ni la civilización pasaron nunca, llegas a pasar entre una hora u hora y media en el tráfico y transporte público (o dos, o tres en los días malos), entonces, tenemos: 8 horas de oficina + 4 horas en transporte público + 8 horas de sueño (que yo sí necesito)= 20 horas, lo que nos deja libre un grandioso total de 4 horas en las que puedes ser un hombre libre… y, ¿qué haces?

Quizás son más las razones, o mejor dicho: los motivos que nos llevan a aventurarnos en terrenos peligrosos, que las razones por las que tal vez no deberíamos ceder a la tentación. Quizás exagero al otorgar tanto crédito al viejo cliché de la oficina, pero tal vez no, y tal vez allá afuera hay más personas que disfrutarían, o disfrutan de ese escenario tan excitante, tal vez incluso justo ahora mientras yo, por ejemplo, estoy tristemente frente a la computadora  redactando esta nota, escuchando a Bobby Vinton…

¿Por qué resulta tan excitante la idea de mantener relaciones sexuales en el lugar de trabajo? ¿Tiene que ver acaso con el juego de roles, entre superiores y subordinados? ¿O es simplemente el hecho de estar rodeado de chicas en traje sastre, tacones y labios rojos, y chicos de saco y corbata?

Tal vez sea por comodidad, tal vez por aburrimiento, tal vez porque tras pasar cinco de tus siete días de la semana, 8 horas diarias, según tú, has creado una especie de relación de complicidad con esa compañera o compañero de trabajo, y tú sabes que una cosa lleva a la otra, y un día, quién sabe cómo, sucedió que terminaron desnudos y sudados en la misma cama. Como una forma bastante práctica de hacer frente a la soledad.

Compañeros, jefes, secretarias, asistentes personales… las relaciones en el lugar de trabajo son una realidad nada despreciable de acuerdo con datos del sondeo realizado por el portal Trabajando.com, en donde los resultados indican que el 64% de los trabajadores, o bien mantienen o han mantenido una relación en la oficina, o bien, si tuvieran la oportunidad lo harían.

Pues ciertamente parece que existen bastantes motivos que con facilidad podrían justificar este tipo de deslices. La realización de una fantasía, por ejemplo. La idea de estar reclinado sobre el escritorio desde donde caen al suelo documentos y plumas de tinta negra, ¿acaso no es excitante?

Así es el amor en tiempos laborales, que por cierto no es amor, sino la oportunidad de explorar diferentes ámbitos de lo sexual, que nos lleven de la cotidianeidad a la aventura, hasta que dicha aventura también se convierta en cotidianeidad, ¿es eso posible? Tal vez ni siquiera hay oportunidad de ello, tal vez las aventuras acaban antes, y tal vez ése es su encanto.

Pero de eso, al menos por ahora, estoy incapacitada para dar testimonio, pues no ha pasado ni una semana desde que me integré al campo laboral (aunque esa, por supuesto, no tendría que ser razón para no haber experimentado ya), y, al menos por ahora, podría mi perspectiva del amor en tiempos laborales.

 

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